La banca ecuatoriana ha experimentado un notable cambio en su dinámica a lo largo de 2025, marcando un año de recuperación tras la crisis de liquidez que afectó al país en 2024. Este artículo explora el crecimiento de los depósitos, la disminución de las tasas de interés para ahorristas y las proyecciones para el sistema bancario en 2026.
**Crecimiento de Depósitos y Tasas de Interés en 2025**
A finales de noviembre de 2025, la tasa efectiva promedio para los ahorristas en la banca privada se situó en un 5% anual. Este descenso en las tasas se produce en un contexto donde los depósitos han aumentado significativamente, alcanzando un total de USD 59.336 millones, lo que representa casi el 47% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Este crecimiento se atribuye a varios factores, incluyendo el aumento de las remesas enviadas por migrantes y el incremento en las exportaciones de productos no petroleros, como el cobre y el oro.
Gonzalo Cucalón, economista y gerente de la casa de valores Banrío, explica que el aumento de depósitos se debe en parte a la recuperación económica que ha impulsado las ventas internas. Además, el Gobierno Central ha recibido desembolsos de créditos de organismos multilaterales, lo que ha contribuido a la liquidez en el sistema bancario. Sin embargo, esta mayor liquidez ha llevado a una disminución en las tasas de interés que los bancos ofrecen a los ahorristas. En 2024, las tasas alcanzaron un promedio de 6.8% anual, pero en 2025 se redujeron a 5% debido a la disminución del riesgo país y a la reducción de tasas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos.
**Desafíos para el Sistema Bancario en 2026**
A pesar del crecimiento en los depósitos, los economistas advierten que un alto volumen de depósitos no siempre indica una economía saludable. Ángel Maridueña, economista y profesor de la Universidad Estatal de Milagro, señala que los depósitos pueden acumularse debido a la incertidumbre económica, lo que puede llevar a una disminución en el consumo. Esto es especialmente relevante en un año electoral como 2025, donde la inseguridad y la inestabilidad política han influido en la toma de decisiones de los ciudadanos respecto a la inversión y el consumo.
El crédito bancario ha mostrado signos de recuperación, pero no al ritmo esperado. Aunque ha habido un aumento en la demanda de crédito por parte de las empresas, la incertidumbre política y social ha llevado a los bancos a ser más cautelosos en la concesión de préstamos. Esto ha resultado en un crecimiento moderado del crédito, lo que plantea preguntas sobre la capacidad del sistema bancario para canalizar la liquidez acumulada en depósitos hacia la economía real.
Las proyecciones para 2026 sugieren que, si la demanda de crédito se reactiva, podría haber un flujo más significativo de depósitos hacia préstamos. Sin embargo, se anticipa que las tasas de interés para los ahorristas no volverán a los niveles de 2024, ya que no se prevé una crisis de liquidez similar en el futuro cercano. Además, se espera que el riesgo país continúe disminuyendo, lo que facilitaría la emisión de deuda por parte del Gobierno y la llegada de más recursos del exterior.
En resumen, el sistema bancario ecuatoriano se encuentra en una encrucijada. Si bien ha logrado recuperarse de la crisis de liquidez de 2024, enfrenta desafíos significativos en términos de confianza del consumidor y la capacidad de generar crédito. La evolución de estos factores será crucial para determinar el rumbo de la economía ecuatoriana en 2026 y más allá.
