La tarde del 5 de febrero de 2026, Guayaquil, una de las ciudades más importantes de Ecuador, se vio afectada por intensas lluvias acompañadas de tormentas eléctricas. Este fenómeno meteorológico provocó inundaciones en múltiples sectores de la ciudad, generando caos vehicular y preocupaciones entre los residentes. La situación fue tan crítica que el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) emitió una alerta para toda la región, advirtiendo sobre la continuidad de las lluvias en las horas siguientes.
La empresa municipal SeguraEP reportó que al menos 20 sectores, incluyendo Samanes, Sauces, Alborada y Guasmo Sur, experimentaron acumulaciones significativas de agua. Las avenidas principales, como De las Américas y Pedro Menéndez, también se vieron afectadas, lo que resultó en un tráfico vehicular descontrolado. Fernando Cornejo, director de Aseo Cantonal, Mercados y Servicios Especiales, aseguró que hasta el momento no se habían reportado caídas de árboles, colapsos estructurales o deslizamientos, aunque la atención se estaba priorizando según los reportes ciudadanos.
### La Respuesta de las Autoridades y el Monitoreo de la Situación
Las autoridades locales, en coordinación con el sistema integrado de seguridad ECU911, comenzaron a monitorear la situación en tiempo real. Imágenes compartidas en redes sociales mostraron a personas caminando por calles inundadas, lo que evidenció la magnitud del problema. En lugares como la iglesia Santa Isabel y el Mercado de Sauces, las corrientes de agua eran notorias, lo que llevó a muchos a expresar su frustración en plataformas digitales.
El Inamhi, en su informe, advirtió que las lluvias continuarían durante la noche, lo que incrementaba el riesgo de más inundaciones. Además, se emitió una alerta por marea alta, lo que complicaba aún más la situación. La prefecta de Guayas, Marcela Aguiñaga, también se pronunció sobre el tema, indicando que otros cantones como Durán y Samborondón estaban experimentando lluvias intensas y que se mantenía un monitoreo constante de los niveles de los ríos.
La situación en Guayaquil no es un caso aislado; el fenómeno climático ha afectado a varias provincias del país. Actualmente, 12 provincias están bajo alerta naranja y 11 más en alerta amarilla, con reportes de inundaciones y deslizamientos en diversas áreas. La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos ha estado trabajando en conjunto con las autoridades locales para evaluar los daños y coordinar la respuesta ante esta emergencia.
### Impacto en la Vida Cotidiana y la Infraestructura
Las inundaciones en Guayaquil no solo han afectado el tráfico y la movilidad de los ciudadanos, sino que también han tenido un impacto significativo en la vida cotidiana de los residentes. Muchos se han visto obligados a modificar sus rutinas diarias debido a las condiciones climáticas adversas. Las escuelas y negocios en las áreas más afectadas han tenido que cerrar temporalmente, lo que ha generado pérdidas económicas y ha afectado la educación de los estudiantes.
Además, la infraestructura de la ciudad ha sido puesta a prueba. Las calles, que ya enfrentaban problemas de drenaje, se han visto desbordadas por la cantidad de agua acumulada. Esto ha llevado a un llamado urgente a las autoridades para que se implementen soluciones a largo plazo que eviten que situaciones como esta se repitan en el futuro. La falta de un sistema de drenaje adecuado ha sido un tema recurrente en las discusiones sobre la planificación urbana en Guayaquil.
La comunidad ha respondido de diversas maneras, desde la organización de grupos de ayuda para las personas más afectadas hasta la presión sobre las autoridades para que actúen y mejoren la infraestructura de la ciudad. Las redes sociales han sido una herramienta clave para la difusión de información y la coordinación de esfuerzos de ayuda, permitiendo que los ciudadanos se mantengan informados sobre las condiciones del clima y las áreas más afectadas.
En resumen, las fuertes lluvias del 5 de febrero de 2026 han dejado una huella significativa en Guayaquil, resaltando la necesidad de una mejor planificación y respuesta ante desastres naturales. La situación actual es un recordatorio de la vulnerabilidad de las ciudades ante fenómenos climáticos extremos y la importancia de la colaboración entre las autoridades y la comunidad para enfrentar estos desafíos.
