La vida de Inés Santos ha estado marcada por la adversidad, pero también por una inquebrantable determinación de transformar su entorno. En la Isla Trinitaria, una de las zonas más conflictivas de Guayaquil, Inés ha emergido como una figura clave en la lucha por la paz y la resolución pacífica de conflictos. Su historia es un testimonio de resiliencia y compromiso social, que ha llevado a la creación de la Fundación Nía Kali, un espacio donde niños y adolescentes pueden aprender a vivir sin violencia.
### Un Entorno Hostil
La Isla Trinitaria, ubicada en el sur de Guayaquil, es conocida por sus altos índices de criminalidad y violencia. En este contexto, Inés Santos ha enfrentado situaciones extremas que han moldeado su vida y su misión. Desde amenazas de muerte hasta el abuso sexual, su historia personal está entrelazada con la violencia que ha asolado su comunidad durante más de tres décadas. Inés llegó a la isla en busca de un hogar, pero se encontró en medio de un conflicto territorial entre bandas delictivas. A pesar de los peligros, su deseo de proteger a su hija y a su comunidad la impulsó a actuar.
Inés recuerda cómo, en sus primeros años en la isla, la violencia era omnipresente. «No podíamos pasar al Guasmo, porque las jóvenes eran violadas», relata. La situación se volvió insostenible cuando su hogar fue invadido y convertido en un punto de venta de drogas. Sin embargo, en lugar de rendirse, Inés decidió luchar. Tras la muerte de su esposo, quien fue asesinado mientras trabajaba como pescador, su determinación se intensificó. «Soy una hija de Dios», afirma con una sonrisa, reflejando su fe y su esperanza en medio de la adversidad.
### La Fundación Nía Kali: Un Faro de Esperanza
La Fundación Nía Kali, cuyo nombre significa «propósito intenso» en suajili, nació de la necesidad de crear un espacio seguro para los jóvenes de la comunidad. Inés comenzó a recibir a niños en su hogar, donde les enseñaba a resolver conflictos de manera pacífica y a expresarse a través del arte. En un ambiente donde la violencia era la norma, su fundación se convirtió en un refugio donde los niños podían aprender a vivir sin miedo.
La fundación no solo se centra en la educación, sino que también aborda temas críticos como el abuso sexual y la violencia de género. Inés, tras vivir el trauma del abuso que sufrió su hija, se capacitó en derechos de las mujeres y en cómo apoyar a las víctimas de violencia. «Decidí hacer algo para evitar la violencia en la comunidad», explica. Así, la fundación se ha convertido en un centro de recursos y apoyo para las familias afectadas por la violencia.
A medida que la fundación crecía, también lo hacía el número de niños que acudían en busca de ayuda. Durante la pandemia, Inés recibió a más jóvenes que huían de la violencia en sus hogares. Con actividades lúdicas, música y un ambiente acogedor, logró conectar con ellos y ofrecerles un espacio donde pudieran sentirse seguros. La comunidad comenzó a reconocer su labor, y las donaciones empezaron a fluir, permitiendo a Nía Kali expandir sus actividades y recursos.
La labor de Inés no ha pasado desapercibida. En 2024, fue reconocida como Mujer del Año por una revista nacional, y su fundación fue seleccionada como beneficiaria de un programa de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Estos logros no solo validan su trabajo, sino que también le brindan la oportunidad de impactar aún más vidas en su comunidad.
Inés Santos es un ejemplo de cómo una persona puede marcar la diferencia en medio de la adversidad. Su historia es un recordatorio de que, incluso en los entornos más difíciles, la esperanza y la determinación pueden florecer. La Fundación Nía Kali sigue siendo un faro de esperanza en la Isla Trinitaria, donde cada día se siembran semillas de paz y resiliencia en las nuevas generaciones.
