En el pequeño pueblo de Puerto El Morro, a 110 kilómetros de Guayaquil, vive Carlos Alberto Lindao Vera, un hombre que ha alcanzado la notable edad de 123 años. Nacido el 17 de octubre de 1902, Carlos, conocido cariñosamente como ‘Don Carlitos’, es considerado el hombre más longevo de Ecuador. Su vida ha estado marcada por el trabajo arduo y una conexión profunda con la naturaleza, pero también por un anhelo que lo acompaña: reencontrarse con su hijo, a quien nunca ha conocido.
### Un Hombre de Tradición y Resiliencia
Desde muy joven, Don Carlitos ha llevado una vida activa y llena de propósito. A pesar de su avanzada edad, se levanta cada día a las 6:00 de la mañana, prepara su café y sale a buscar madera o a atender su horno de carbón, un oficio que heredó de su abuelo. Su rutina diaria es un testimonio de su dedicación al trabajo y su deseo de mantenerse activo. «He trabajado toda mi vida. Pienso que si me acuesto en la cama, es que busco la enfermedad, y me hago flojo», comenta con una sonrisa.
La vida de Don Carlitos no ha estado exenta de dificultades. Creció huérfano, perdiendo a sus padres a una edad temprana y siendo criado por una tía. A pesar de las adversidades, ha mantenido una memoria prodigiosa y una lucidez que sorprende a quienes lo visitan. Su capacidad para recordar detalles de su vida, desde sus travesías en canoa hasta los trabajos en el manglar, es asombrosa. A lo largo de su vida, ha tenido tres compañeras, la última de las cuales falleció hace 19 años, dejándolo solo pero rodeado del cariño de sobrinos y vecinos.
A pesar de su soledad, Don Carlitos no se siente triste. Su fe en Dios es fuerte, y cada mañana agradece por la vida y la fuerza que aún posee. Sin embargo, hay un deseo que lo acompaña: conocer a su hijo. A los 13 años, tuvo un hijo con una joven de 14, pero la relación terminó y ella se llevó al niño. Desde entonces, nunca ha podido conocerlo. «Eso es lo único que me falta cumplir. Que venga mi hijo. Ojalá, con estas entrevistas, alguien le diga. Es lo único que yo quisiera antes de morir», expresa con una mezcla de esperanza y resignación.
### La Esperanza de un Reencuentro
El deseo de Don Carlitos de encontrar a su hijo es un reflejo de su anhelo por la conexión familiar. Aunque reconoce que es probable que su hijo ya haya fallecido, mantiene la esperanza de que al menos sus descendientes puedan conocerlo. «Yo quisiera que lo traigan. O a sus hijos o a sus nietos, para verlos una vez. Yo les daría todo lo que es mío», dice con sinceridad.
La vida de Don Carlitos ha estado marcada por la simplicidad. Prefiere comidas sencillas, como aguacate con arroz y verde sancochado con queso, y tiene un gusto particular por el aguado de menudencias. Su filosofía sobre la vida es clara: «¿Para qué voy a ahorrar? ¿Para dejar de comer?», se ríe mientras habla de su alimentación. A pesar de su edad, sigue remando en su canoa cuando la marea lo permite, disfrutando de la tranquilidad que le brinda el estero que rodea su hogar.
La historia de Don Carlitos es un recordatorio de la importancia de la familia y las conexiones humanas. A medida que avanza en su vida, su deseo de reunirse con su hijo se convierte en un símbolo de esperanza y amor. La comunidad de Puerto El Morro lo respeta y lo cuida, y su historia ha resonado más allá de las fronteras de su pueblo, tocando los corazones de quienes escuchan su relato.
Mientras el viento sopla suavemente entre los manglares y los gallos marcan el inicio de un nuevo día, Don Carlitos sigue esperando que la vida le conceda su último sueño. Su historia es un testimonio de resiliencia, amor y la búsqueda incesante de la conexión familiar, incluso en los años más avanzados de la vida. En un mundo que a menudo se olvida de los ancianos, la vida de Don Carlitos brilla como un faro de esperanza y humanidad.
