La situación de las adicciones en Guayaquil se ha convertido en un problema alarmante que afecta a un número creciente de jóvenes y adultos en la ciudad. En las calles, parques y veredas, es común observar a personas, tanto hombres como mujeres, consumiendo drogas abiertamente. Este fenómeno no solo refleja una crisis de salud pública, sino también un desafío social que requiere atención inmediata y soluciones efectivas.
La realidad de muchos de estos jóvenes es desgarradora. Manolo, un joven que vive en la calle, comparte su experiencia: «Estoy harto de vivir así». Su historia es solo una de las muchas que ilustran la lucha diaria de aquellos atrapados en el ciclo de la adicción. En Guayaquil, el consumo de sustancias como el polvo blanco conocido como ‘H’ ha crecido de manera alarmante, y muchos de estos jóvenes son cooptados por grupos delictivos que los utilizan para sus propios fines.
### La Extensión del Problema
El aumento en el consumo de drogas en Guayaquil no se limita a un solo barrio o sector. Desde el Guasmo sur hasta La Prosperina, la población de adictos en situación de calle está en aumento. Sin embargo, la falta de cifras actualizadas dificulta la comprensión completa de la magnitud del problema. Las estadísticas más recientes, que datan de 2022, indican que Guayas, Pichincha y Azuay son las provincias más afectadas, con más de un millón de atenciones reportadas por el Ministerio de Salud.
En 2023, las denuncias al ECU-911 revelaron que los distritos con mayor cantidad de llamadas relacionadas con el consumo de drogas en espacios públicos fueron 9 de Octubre, Portete, Modelo, Sur, Florida y Esteros. Este aumento en el consumo no solo afecta a los hombres; cada vez más mujeres, incluidas menores de edad, se ven involucradas en el consumo de drogas. La psiquiatra Julieta Sagñay, experta en adicciones, advierte que muchas de estas mujeres enfrentan un círculo vicioso de daño y enfermedades, y muchas mueren en el intento de salir de la adicción.
La infraestructura sanitaria en el país no está preparada para abordar adecuadamente el tratamiento de las adicciones. Los centros de atención pública carecen de los recursos necesarios para ofrecer un tratamiento integral, lo que ha llevado a muchos a caer en la delincuencia o a ser reclutados por grupos criminales. La falta de atención adecuada y la escasez de espacios para la rehabilitación han contribuido a que muchos jóvenes se conviertan en recicladores o delincuentes, perpetuando así el ciclo de la adicción.
### Iniciativas y Desafíos en el Tratamiento
A pesar de la gravedad de la situación, hay esfuerzos en marcha para abordar la crisis de adicciones en Guayaquil. En 2025, el municipio reportó un aumento del 145% en las atenciones a personas con problemas de consumo de drogas, con más de 51,000 atenciones en sus centros médicos. Sin embargo, la falta de infraestructura especializada sigue siendo un obstáculo significativo. La Dirección de Salud e Higiene del municipio ha señalado que la atención a personas con consumo problemático de alcohol y otras drogas es uno de los desafíos más apremiantes.
El programa municipal ‘Guayaquil sin adicciones’ ha logrado insertar a 32 pacientes en diversas compañías y ha permitido que 55 pacientes retomen sus estudios. Sin embargo, la prevención sigue siendo una alternativa crucial ante la falta de centros adecuados para la desintoxicación y el tratamiento. En mayo, se lanzará una campaña para educar a estudiantes y docentes sobre la problemática de las adicciones, con el objetivo de llegar a 25,000 menores de edad.
Además, se está trabajando en la creación de un nuevo centro de atención de adicciones para hombres, que se sumará al ya existente para mujeres. Este nuevo centro ofrecerá desintoxicación supervisada, atención psicológica y programas de reinserción social. La necesidad de un enfoque integral que aborde tanto el tratamiento médico como el apoyo psicológico y social es fundamental para ayudar a aquellos que luchan contra la adicción.
La situación en Guayaquil es un claro recordatorio de que la crisis de las adicciones no solo es un problema individual, sino un desafío social que requiere la colaboración de la comunidad, el gobierno y las organizaciones de salud. La falta de atención y recursos adecuados ha llevado a muchos a una vida de sufrimiento y desesperación, y es imperativo que se tomen medidas efectivas para abordar esta crisis de manera integral.