La reciente sesión solemne de la Asamblea Nacional en Imbabura ha desatado una ola de críticas y controversias, especialmente entre las organizaciones indígenas de la región. Este evento, que tuvo lugar el 28 de noviembre de 2025, fue presentado por el oficialismo como un esfuerzo para reactivar la economía de la provincia, que había sido escenario de intensas protestas y bloqueos durante semanas. Sin embargo, las comunidades indígenas lo han calificado como una burla y un agravio hacia sus luchas y sufrimientos.
La Asamblea Nacional decidió llevar a cabo esta sesión en el auditorio de la Universidad Técnica del Norte en Ibarra, con la intención de abordar temas de desarrollo y reactivación económica. Durante la sesión, se llevaron a cabo diversas actividades, incluyendo la entrega de condecoraciones a artesanos y emprendedores locales, en reconocimiento a su resiliencia durante el paro nacional que tuvo lugar meses atrás. Sin embargo, la respuesta de las organizaciones indígenas fue contundente, señalando que la Asamblea había ignorado las graves violaciones a los derechos humanos que ocurrieron durante las protestas, donde se reportaron heridos, torturados y asesinados.
### Reacción de las Organizaciones Indígenas
Las organizaciones del pueblo Kichwa, como CHIJALLTA FICI y UNORCAC, expresaron su descontento a través de un comunicado, en el que afirmaron que la sesión solemne era un acto de desprecio hacia las comunidades que habían sufrido durante el paro. Argumentaron que la Asamblea no solo había guardado silencio ante las violaciones de derechos humanos, sino que también había optado por aplaudir las políticas del gobierno, que consideraron insuficientes y desconectadas de la realidad de los pueblos indígenas. La indignación se centró en el hecho de que, mientras se celebraba esta sesión, las comunidades seguían lidiando con las secuelas de la represión y la falta de atención a sus demandas.
Fernando de la Torre, asambleísta por Imbabura, también criticó la naturaleza de la sesión, argumentando que las sesiones solemnes deberían conmemorar eventos significativos y no ser utilizadas como un escenario para ignorar el sufrimiento de las comunidades. Su postura refleja un sentimiento más amplio entre los sectores que se sintieron excluidos de un proceso que debería haber sido inclusivo y representativo de todas las voces de la provincia.
### La Ausencia del Correísmo
Un aspecto notable de la sesión fue la ausencia de la bancada correísta de la Revolución Ciudadana, que decidió no participar en el evento. Este grupo argumentó que la sesión no cumplía con los criterios tradicionales para ser considerada solemne, ya que no había un motivo claro de conmemoración. La decisión de no asistir fue vista como un acto de protesta contra lo que consideraron un uso inapropiado de la Asamblea para fines políticos.
Durante la sesión, el presidente de la Asamblea, Niels Olsen, defendió la importancia de reconocer a aquellos que han trabajado arduamente por el desarrollo de Imbabura. Afirmó que el evento era una oportunidad para celebrar la resiliencia de la provincia y su capacidad para levantarse después de momentos difíciles. Sin embargo, su discurso fue recibido con escepticismo por parte de quienes consideraban que el reconocimiento no era suficiente para abordar las injusticias sufridas por las comunidades durante las protestas.
La sesión se desarrolló en un ambiente tenso, donde la entrega de reconocimientos y la celebración de la cultura local contrastaron con el trasfondo de dolor y sufrimiento que muchas comunidades aún enfrentan. Las danzas y presentaciones culturales que acompañaron el evento no lograron ocultar la realidad de un pueblo que se siente marginado y desatendido por las instituciones que deberían representarlo.
El evento en Imbabura es un reflejo de las tensiones políticas y sociales que persisten en Ecuador, donde las luchas de las comunidades indígenas por sus derechos y reconocimiento siguen siendo un tema candente. La falta de diálogo y la exclusión de las voces críticas en espacios como la Asamblea Nacional son cuestiones que continúan generando descontento y división entre los diferentes sectores de la sociedad ecuatoriana. La situación en Imbabura es un recordatorio de que, a pesar de los intentos de reactivación económica y reconocimiento, las heridas del pasado aún necesitan ser sanadas y las voces de las comunidades indígenas deben ser escuchadas y respetadas.
