La vida de Andrés Crespo es un testimonio de cómo la pasión y la autenticidad pueden abrir puertas en el mundo del entretenimiento. Este talentoso ecuatoriano ha logrado destacar en diversas facetas, desde la actuación hasta la dirección y el guionismo, todo mientras se mantiene fiel a sus raíces y experiencias personales. En su reciente participación como la voz de Sneaky en la película animada «Goat, la cabra que cambió el juego», Crespo no solo se adentra en el mundo del doblaje, sino que también continúa desarrollando su proyecto más ambicioso: «Estero en llamas».
**Un Nuevo Horizonte en el Doblaje**
La incursión de Crespo en el doblaje no es un hecho aislado. A sus 55 años, ha encontrado en esta nueva faceta una forma de conectar con un público más amplio. En «Goat», una producción de Columbia Pictures y Sony Pictures Animation, Crespo presta su voz a un personaje que, aunque no tiene un papel protagónico, le ha permitido explorar un nuevo ámbito creativo. «Me escribieron de la empresa que hace el doblaje en México para toda Latinoamérica. Me enviaron un semblante del personaje. No lo dudé, es un rol no tan amplio, pero me gustó el espíritu del personaje», comenta Crespo sobre su elección.
El actor también reflexiona sobre los desafíos que enfrenta al tratar de mantener su acento natural en un contexto donde la neutralidad suele ser la norma. «Es un acento natural, no aspira a ninguna neutralidad. Debería haberme puesto las pilas y haberle metido más verbo guayaquileño, pero realmente es difícil porque la jerga solo se entiende aquí», explica. A pesar de las dificultades, su participación en el doblaje ha sido un paso significativo en su carrera, abriendo la puerta a más oportunidades para talentos locales en la industria.
**La Creación de ‘Estero en Llamas’**
Más allá del doblaje, Crespo está profundamente involucrado en la producción de «Estero en llamas», un proyecto que ha estado desarrollando desde 2014. Esta película, que él mismo escribe, dirige y protagoniza, se centra en la vida en Guayaquil y el estero Salado, un lugar que Crespo considera casi sagrado. «Es una historia que trata sobre Guayaquil y el estero Salado, los extremos de la ciudad, el interior de las personas que ahí viven. Nuestra visión de esta ciudad y de ese misticismo», explica Crespo, quien ve al estero como una deidad que representa la vida misma.
El actor ha dedicado años a perfeccionar el guion, y está ansioso por llevarlo a la pantalla grande. «Este es un guion que yo escribí con mi compadre Andrés Martínez. Vamos a rodar ahorita en mayo esta película, ya ha pasado mucho tiempo y hay que lograrlo», afirma con determinación. La conexión de Crespo con el estero es profunda y personal; lo considera una fuente de vida y un símbolo de su existencia. «Sé que no existiría, estoy seguro, Guayaquil si no fuera por el estero. Es esa geografía la que nos entrega la posibilidad de la vida», reflexiona.
Crespo no solo es un artista multifacético, sino también un hombre que ha vivido experiencias que enriquecen su trabajo. Su vida en la playa, donde se dedicó al surf y a la restauración, le ha proporcionado una perspectiva única que se refleja en sus personajes. «Lo que más disfruto, por ejemplo, es caminar por la mañana desde Manglaralto hasta Montañita con una tabla bajo el brazo durante 45 minutos. Todavía puedo vacilar tranquilo», comparte, recordando sus años de libertad y conexión con la naturaleza.
La historia de Andrés Crespo es un recordatorio de que el arte puede ser un reflejo de la vida misma. Su viaje desde la abogacía hasta el cine, pasando por el doblaje y la escritura, es una prueba de que seguir la pasión puede llevar a lugares inesperados y gratificantes. Con «Goat» y «Estero en llamas», Crespo continúa desafiando las normas y explorando nuevas fronteras en su carrera, mientras se mantiene fiel a sus raíces y a la esencia de su vida en Ecuador.
