La violencia en Ecuador ha alcanzado niveles alarmantes, y la reciente masacre en el cantón Sucre, Manabí, es un claro reflejo de esta crisis. El 27 de agosto de 2025, cuatro personas, incluyendo a una madre y su hija, fueron asesinadas en una vivienda abandonada, marcando la masacre número 14 del año. Este trágico suceso no solo resalta la creciente ola de criminalidad en la región, sino que también pone de manifiesto la compleja relación entre las bandas criminales y la población civil.
### Contexto de la Masacre en Sucre
Las víctimas de esta masacre han sido identificadas como Liliana Alexandra Chávez Vera, conocida como ‘La Madrina’, y su hija Andrea Alexandra Dueñas Chávez, junto a dos adolescentes de 16 y 15 años, Diego B. y Ángel C. Según la Policía Nacional, estas personas tenían vínculos con organizaciones criminales y se sospecha que estaban involucradas en el tráfico de drogas. La escena del crimen, donde se encontraron al menos 20 casquillos de armas de grueso calibre, sugiere un enfrentamiento violento, típico de las luchas territoriales entre bandas rivales.
La ciudadela Club de Leones, donde ocurrió el hecho, ha sido un punto caliente de actividad criminal, lo que ha llevado a las autoridades a priorizar esta zona en sus esfuerzos por combatir la violencia. La pugna por el control de territorios de drogas entre grupos como Los Lobos y Los Choneros ha intensificado la situación, convirtiendo a Manabí en un epicentro de la violencia en Ecuador.
### Estadísticas Alarmantes de Violencia en Ecuador
El año 2025 se perfila como uno de los más violentos en la historia reciente del país. Hasta la fecha, se han registrado más de 800 muertes violentas en Manabí, superando las cifras de años anteriores. En comparación, en 2024 se reportaron 842 asesinatos, mientras que en 2023 se alcanzó un récord de 940 muertes. Esta tendencia ascendente en la violencia es preocupante y plantea serias preguntas sobre la efectividad de las políticas de seguridad implementadas por el gobierno.
La Policía Nacional ha intensificado sus esfuerzos para contener esta ola de violencia, pero los resultados han sido limitados. La falta de recursos y la corrupción dentro de las fuerzas del orden han dificultado la lucha contra el crimen organizado. Además, la impunidad que rodea a muchos de estos crímenes alimenta un ciclo de violencia que parece no tener fin.
La masacre en Sucre es solo un ejemplo de cómo la violencia afecta a comunidades enteras, dejando a su paso un rastro de dolor y sufrimiento. Las familias de las víctimas enfrentan no solo la pérdida de sus seres queridos, sino también el estigma social que conlleva estar asociado a la criminalidad, incluso si las víctimas eran inocentes.
### La Respuesta de la Comunidad y las Autoridades
Ante esta situación, la comunidad ha comenzado a organizarse para exigir respuestas y soluciones efectivas. Grupos de vecinos se han movilizado para crear redes de apoyo y vigilancia, buscando protegerse de la violencia que acecha sus calles. Sin embargo, estas iniciativas a menudo se ven obstaculizadas por el miedo y la desconfianza hacia las autoridades, que son percibidas como incapaces de garantizar la seguridad.
Las autoridades locales han prometido aumentar la presencia policial en las zonas más afectadas, pero muchos ciudadanos se preguntan si esto será suficiente para frenar la violencia. La colaboración entre la comunidad y la policía es esencial, pero debe ir acompañada de un compromiso real por parte del gobierno para abordar las causas subyacentes de la criminalidad, como la pobreza, la falta de oportunidades y la corrupción.
La situación en Manabí es un llamado de atención para todo el país. La violencia no solo afecta a las víctimas directas, sino que también tiene un impacto profundo en la salud mental y el bienestar de las comunidades. Es crucial que se implementen políticas integrales que no solo se enfoquen en la represión del crimen, sino que también aborden las condiciones sociales y económicas que lo alimentan.
La masacre en Sucre es un recordatorio doloroso de que la lucha contra el crimen organizado en Ecuador está lejos de ser ganada. La sociedad civil, las autoridades y las organizaciones no gubernamentales deben trabajar juntas para encontrar soluciones sostenibles que permitan a las comunidades vivir en paz y seguridad. Solo así se podrá romper el ciclo de violencia que ha marcado la historia reciente del país.