La situación del consumo de drogas en Ecuador se ha vuelto alarmante, con un número creciente de personas en riesgo y un sistema de salud que no logra satisfacer las necesidades de rehabilitación. En un contexto donde el 66% de la población vive en parroquias con alta exposición al consumo de drogas, la falta de centros de rehabilitación, especialmente para mujeres, se convierte en un problema crítico que requiere atención inmediata.
### Un Panorama Desolador
El 8 de enero de 2026, un operativo policial en el sur de Quito reveló la realidad oculta de muchas familias en el país. La Policía Nacional llevó a cabo el operativo ‘Poseidón’, donde se encontraron miles de dosis de drogas en una vivienda que parecía normal. Este incidente no es un caso aislado, sino un reflejo de un problema más amplio: la transformación de las drogas en cocteles químicos que han incrementado su letalidad. En 2025, la Policía incautó más de 220 toneladas de drogas, principalmente cocaína, aunque esta cifra es inferior a la del año anterior. Sin embargo, el verdadero desafío radica en la creciente demanda interna y el cambio en los patrones de consumo.
El diagnóstico presentado por el Ministerio de Salud en su ‘Política Nacional de Salud Mental 2025-2030’ destaca que 11.5 millones de personas, es decir, el 66% de la población, residen en 256 parroquias catalogadas como vulnerables frente a las drogas. Estas parroquias se encuentran en condiciones críticas, donde la exposición al consumo de drogas es alarmante. Las razones detrás de esta vulnerabilidad son múltiples: actividades ilícitas, condiciones socioeconómicas precarias, y la falta de presencia del Estado.
### La Alteración de las Drogas y sus Consecuencias
Uno de los cambios más preocupantes en el consumo de drogas en Ecuador es el aumento de trastornos relacionados con los opioides. En 2024, el 14.3% de las atenciones médicas se debieron a trastornos por consumo de opioides, superando por primera vez a la cocaína. Este fenómeno se debe, en parte, a la alteración de la droga conocida como ‘H’, que ahora se mezcla con fentanilo, un opioide 50 veces más potente que la heroína. Esta combinación ha llevado a un aumento en la mortalidad y en la gravedad de los casos atendidos en hospitales.
Además, la aparición de nuevas formas de consumo, como el ‘Tusi’ o cocaína rosa, que combina ketamina y otros estimulantes, ha generado un impacto devastador en la salud mental de los jóvenes. Este tipo de drogas no solo afecta físicamente, sino que también puede provocar episodios de psicosis y paranoia, complicando aún más la situación.
La falta de centros de tratamiento adecuados para mujeres adultas es otro aspecto crítico de la crisis. Actualmente, no existe un solo centro público en Ecuador que ofrezca tratamiento para mujeres adultas con problemas de adicción. La red pública cuenta con solo 10 Centros Especializados (CETAD) que tienen 393 camas, la mayoría de las cuales están destinadas a hombres. Esto deja a muchas mujeres sin opciones de tratamiento, lo que agrava su situación y perpetúa el ciclo de la adicción.
La psicóloga Mabel Idrobo señala que el proceso de recuperación de una adicción no es inmediato y puede durar entre seis meses y un año. Sin embargo, la falta de recursos y la escasez de atención especializada dificultan este proceso. Las familias enfrentan un costo promedio de USD 75 mensuales en medicinas, lo que se convierte en un lujo inalcanzable para muchas de ellas.
### Un Futuro Incierto
La crisis del consumo de drogas en Ecuador no solo es un problema de salud pública, sino también un desafío social que afecta a las nuevas generaciones. La edad promedio de inicio en el consumo de alcohol es de 13.8 años, y el 26.3% de los adultos comenzó a beber antes de los 16 años. Esta situación plantea un futuro incierto para el país, donde el consumo de drogas se normaliza y se convierte en parte de la vida cotidiana de los jóvenes.
El Estado debe tomar medidas urgentes para abordar esta crisis. Es fundamental aumentar la inversión en salud mental y en la creación de centros de tratamiento accesibles para todos, especialmente para las mujeres. La prevención y la educación son clave para romper el ciclo de la adicción y ofrecer a las nuevas generaciones un futuro libre de drogas.
La situación actual en Ecuador es un llamado a la acción. La salud mental y el bienestar de millones de ciudadanos dependen de la capacidad del Estado para responder a esta crisis de manera efectiva y compasiva. Sin un enfoque integral y una atención adecuada, el país seguirá enfrentando las consecuencias devastadoras del consumo de drogas.
